Qué es la responsabilidad emocional
Por - Kaloni

¿Qué es la responsabilidad emocional?

Nos relacionamos con el mundo a través de emociones que en pocas ocasiones se nos enseña a comprender, mucho menos cuando una sociedad espera que como hombres tengamos que ser ajenos de nuestro lado sentimental. Milan Kundera describió esta relación con la vida como un borrador sin cuadro, un intento individual por experimentar la realidad, donde al mismo tiempo se busca entenderla.

En estos intentos por comprender lo que sentimos, hemos aprendido que nuestras emociones siempre están relacionadas con el exterior. Nos enojamos por el tráfico, nos entristecemos por un problema personal y nos sentimos felices al estar con una persona amada; todo parecería indicar que somos ajenos a nuestros sentimientos y que somos esclavos del mundo que nos rodea, incapaces de controlar la forma en que vivimos.

No obstante, el control que podemos tener sobre nuestros sentimientos está más relacionado con una toma de consciencia, como escribe Aaron Ben-Zeév, doctor en filosofía y una de las voces más autorizadas en el estudio de las emociones: “La naturaleza espontánea de las emociones lleva a las personas a creer que no somos responsables de ellas, y que ellas son irrelevantes en el dominio moral”; pero la verdad es que tenemos poder sobre nuestras emociones y debemos emplearlo para mejorar nuestra relación con otras personas y con nosotros mismos.

Qué es la responsabilidad emocional

Una forma de deconstruirse

La responsabilidad emocional implica una toma de consciencia, una habilidad para controlar nuestra vida incluso en circunstancias difíciles o con altos niveles de estrés. No se trata de escapar de lo que sentimos, como se nos enseña en sociedades machistas, más bien se debe reflexionar sobre lo que experimentamos y actuar con respecto a ese nuevo conocimiento: ¿por qué ciertas circunstancias me enojan?, ¿qué es lo que me hace feliz?, ¿cómo lidio con la tristeza? Y ¿cómo afectan mis emociones a los demás?

Se trata de una inteligencia emocional que toma consciencia sobre lo que sentimos diariamente. Históricamente se nos ha enseñado que los hombres no somos emocionalmente expresivos: que no debemos llorar, que raramente nos mostramos amorosos y que debemos permanecer estoicos a pesar de las circunstancias. Esta disociación con nuestro lado sentimental ha hecho que desconozcamos nuestras emociones a tal grado que en muchos casos es difícil darse cuenta de que se está deprimido.

Según Ilene Strauss, psicoterapeuta estadounidense, la toma de consciencia es una forma de independencia y control sobre las acciones que todas las personas deben buscar: “para manejar mejor las emociones debes tomar responsabilidad por los problemas que enfrentas, esto te coloca en el control de tu propia vida, en lugar de ser controlado por tus emociones”, de esta manera es posible detectar las situaciones que nos brindan felicidad, enojo, miedo o tristeza; lo que puede enriquecer notablemente la relación que tenemos con otras personas.

Qué es la responsabilidad emocional

La responsabilidad afectiva

Al tener una consciencia sobre nuestras emociones uno se puede dar cuenta de la forma en que afectan a los demás. En una relación (puede ser amorosa, amistosa o laboral) cuando no se es responsable de los sentimientos, una mala acción se exime al no ser consciente, “fue un acto irracional porque estaba enojado” o “en mi tristeza no me di cuenta del daño que causaba”. En este sentido el mismo Aaron escribe: “Mi responsabilidad con relación al enojo se refiere a mi incapacidad para evitar las circunstancias que lo generan”, es inevitable tener emociones negativas, pero sí somos capaces de detectar cuando las tenemos y observar la forma en que afectan a las personas con las que convivimos.

Es en este punto cuando cobra importancia la responsabilidad afectiva, que implica ser consciente de nuestros actos, del dolor que pueden causar, y asumir la responsabilidad de lo que se provoca.

El concepto va de la mano con la empatía y tiene un mayor valor cuando se trata de relaciones amorosas abiertas o laborales, en las que los sentimientos de las otras personas pueden ser relegadas a un segundo plano (ya sea en el amor libre o por la jerarquía en una empresa).

En este sentido es importante recordar que cada persona es un mundo, que lo que a una le puede parecer gracioso a otra le puede parecer ofensivo, o que lo que parecería ser un coqueteo para alguien más se trata de acoso. De esta manera, al ser consciente de las acciones que tenemos normalizadas y la forma en que afectan a los demás es posible combatir a la idea individualista que sólo nuestra persona importa; al final todos somos parte de una sociedad y como miembros activos queremos que esta se mantenga mejorando constantemente.

Deja un comentario

No publicaremos tu email.
*
*